Llegada a Anse-à-Pitre

Jueves 1 Agosto

Del “primer mundo” de Madrid al “primer mundo” de Santo domingo. Dos mundos tan diferentes que se entiende que estén separados por un mar tan grande.

Un grupo de 9 “turistas” que pasan el día en una nueva ciudad, visitan el centro y sacan unas fotos. El único detalle que llama más la atención son las muchas conversaciones con las hermanas, intentando descubrir qué nos iba a deparar, qué íbamos a ver.

Y casi sin darnos cuenta llega el día. Un camino lleno de mariposas, de música, de risas, de parar a tomar un café, de comer un bocata y algunas galletas. Un camino hacia la miseria. De ser turistas en el primer mundo, a ser turistas en la frontera de Pedernales. No me hubiera imaginado nunca que una cadena y cuatro hombres uniformados nos causasen tanto incertidumbre como esta vez. Y el problema no eran los pasaportes, ni los trámites, ni las “guaguas”, ni las maletas. No había problema, solo querían dinero.

Ahora, un grupo de 9 misioneros, 9 voluntarios, que pasan del asfalto a la tierra, de los edificios a las chabolas, de la electricidad a desenchufar la nevera por la noche, del agua corriente a los canales.

Y casi sin darnos cuenta llegan las preguntas. ¿Por qué hay tanta gente en la calle? ¿Dónde viven? ¿Qué comen? ¿De dónde sacan el agua potable? ¿Por qué hay tantos niños? ¿Estudian? ¿Cómo se ganan la vida?

Y puede que la respuesta sea sencilla. Esta es su vida. Vender cosas en el mercado dominicano es su vida. Trapichear es su vida. Con suerte, comer una vez al día es su vida. Bañarse con el agua del canal es su vida, la misma agua que también se la quita poco a poco.

Aún así hay esperanzas. Nos quedamos con el corazón en un puño al ver este mundo, pero vimos luz en las caras del grupo de niños que nos esperaban. Una emoción que ha hecho crecer aún más la ganas.